«Elegir seguridad y confianza», dice la voz en off de un video de incomprobable efectividad, publicado en las redes del Colegio de Martilleros Departamento Judicial Mar del Plata, cuyo elevado costo de producción surgió de los fondos que cientos de profesionales aportan sólo para poder trabajar en la ciudad, y que la actual dirigencia del cuerpo colegiado utiliza de manera caprichosa, financiando la producción de piezas audiovisuales que no aportan nada, haciendo agasajos para algunos pocos periodistas amigos, o impulsando actividades culturales que en nada mejoran las posibilidades que tienen los corredores inmobiliarios para desarrollar su actividad.
¿Cuál es la seguridad y confianza que dice garantizar el Colegio de Martilleros? Recordemos que Mar del Plata es una de las pocas ciudades en donde se desbarató al capítulo local de la llamada «Liga de Remates». ¿Dónde están las consecuencias institucionales de esa causa? ¿A qué martilleros se les suspendió la matrícula? ¿Cuáles fueron sancionados?
Ninguno. El tribunal de disciplina de los martilleros sólo existe para perseguir a los colegas que se animan a trabajar bajo la modalidad que proponen las franquicias inmobiliarias. A los estafadores, ya sea procesados o condenados, los dejan seguir ejerciendo, porque no les interesa para nada garantizar la ni la seguridad ni la confianza de nadie, sino sólo hacer sus negocios y entorpecer la actividad de sus competidores.
En vez de invertir en seguridad y tecnología para transparentar los remates inmobiliarios, el colegio sigue despilfarrando fondos en cualquier otra cosa. Recordemos que, en su momento, la Municipalidad del Partido de General Pueyrredon se contactó con el Colegio de Martilleros Departamento Judicial Mar del Plata para avanzar en el remate de los terrenos que pertenecen a lo que alguna vez fue la llamada Villa de Paso y que, ante la imposibilidad del Colegio de garantizar la seguridad y transparencia de las operaciones, fue que la comuna decidió realizar los remates a través de la plataforma que ofrece el Banco Ciudad.
Lejos de invertir en tecnología, de adecuarse a los tiempos que corren, el Colegio decidió —otra vez: utilizando los recursos que los martilleros están obligados a erogar sólo para poder trabajar— demandar a la Municipalidad. Lejos de buscar generar confianza, o seguridad, quieren obligar a los marplatenses a celebrar, una vez más, remates poco transparentes cuya manipulación —claro está, luego de lo que sucedió con la Liga— es extremadamente sencilla, y no tiene ninguna consecuencia institucional.
Por donde se lo mire, el Colegio de Martilleros sigue operando como una institución turbia, en la que no se lleva ante el tribunal de disciplina a los colegas que terminan involucrados en causas judiciales, no se invierte en tecnología para transparentar los remates, y los fondos se utilizan de manera absolutamente discrecional.
Creen que pagándole un asado al año a algunos periodistas, pagando banners en páginas web de noticias que no lee nadie y sacando cada tanto algún videíto en redes sociales, alcanza para detener la marea de lo que se viene: la desregulación de la actividad y la desaparición del actual sistema que, lejos de beneficiar a los profesionales, les impone cargas insostenibles.
En Argentina se terminó el tiempo de las castas, pasa que hay más de uno que todavía no se dio cuenta.





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